Ideas a la acción … dar el primer paso siempre es el más complicado.

Tener ideas, es una de las actividades más comunes en nuestra vida. Por sorprendente que parezca, hay estudios que estiman que en un día, una persona puede tener entre 65 y 70 mil pensamientos. Puedes ponerlo a prueba y te darás cuenta que no es tan difícil de lograr. trata de cuantificar cuantas ideas pasan por tu cabeza en 1 minuto, y considera que esas son tan sólo una parte de toda la información que tu cerebro está procesando de forma simultánea. Te darás cuenta de que somos inevitablemente un máquina generadora de pensamientos y por consiguiente de ideas.

Si después de esta introducción has logrado entrar en acuerdo conmigo, entonces ahora te quiero hacer una pregunta. ¿Cuántas ideas has generado en tu vida, que han tenido como objetivo, mejorar tu realidad, tu entornó, o tu situación? ¿Cuántas de ellas haz logrado convertir en realidad? ¿Cuántas al menos haz intentado convertir en realidad? Las respuestas probablemente se centren en una visión reducida con respecto a las ideas que puedas haber concebido con este primer ejercicio, pero la verdad es que no te apures, nos pasa a todos. Pero ¿porqué?

La principal razón, se encuentra principalmente sustentada en la forma como hemos sido educados y el enfoque que nos han enseñado a tener de nuestra actividad y pensamientos cotidianos. Los mecanismos y sistemas formativos, nos han marcado por una serie de predisposiciones, de lo que es correcto, lo que debe de ser, lo que vale la pena, lo que importa y lo que no. De ahí que muchos procesos naturales y diferenciados de nuestra especie, han sido de alguna forma limitados por creencias o la generación de procesos emotivos y emocionales, sustentados por el resultado de nuestras experiencias, sumadas a las de los demás. Así nuestro proceso creativo se ha visto coartado y limitado a sólo ciertos momentos de lucidez o en su defecto de sano esparcimiento personal o colectivo, que rayan fácilmente en el terreno de lo lúdico  y la incongruencia.

Entre más grandes somos y más preparados estamos, paradójicamente, somos más propensos a limitar el crecimiento de nuestras ideas. No sólo influye esta vez, esta “conciencia” que nos hace pensar que tenemos que dedicar nuestro tiempo a cosas serias y no a soñar, también influye ahora, otro criterio heredado del proceso de formación profesional, en el que nos convencen de que recibimos una formación para ser verdaderos estrategas de nuestra profesión. La capacidad de planeación, se vuelve el punto de confluencia de todos los profesionales, pero por desgracia, la capacidad para pasar a la acción, se ve limitada por toda una colección de pretextos maravilloso ya preestablecidos que sólo paseamos para evitar la acción.

La verdad es que en cuanto somos capaces de salir de ese corte que desde el contexto social inmediato, nos impide poner nuestras ideas en experimentación, la capacidad de tener ideas brillantes, se potencializa. La idea de tener un plan perfecto de exploración y desarrollo de la idea, no es más que la creación de una barrera que disipa el deseo de actuar.

Que te quede claro. El verdadero camino para convertir una idea en acción, es actuar, experimentar, probar y corregir, probar y cambiar, ajustar, iterar. A veces no es tanto lo que sepas o no sepas hacer, es rodearte de quien te de alas para impulsar un ejercicio de creatividad, de forma que puedas, soltar tu creatividad, poner práctica, evaluar y corregir en corto tiempo y aprender y perfeccionar del proceso. Es cierto, nadie puede garantizarte que toda idea será la panacea, pero algo si puedo garantizarte, mientras no te decidas a ponerlo a prueba, tampoco lo será.

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